domingo, 10 de noviembre de 2013

Capítulo 807. "Cualquier día de estos, Rubalcaba se pone a trabajar"


Capítulo 806. "Sobre inmigrantes, cortes y aberraciones"

Tercera entrega de "La casa invita", colaboración semanal para http://www.salamancartv.com/


Cuchillas en la cerca.
Ayer llevé al bar la viñeta que se ve más arriba. Sí, ésa sobre las cuchillas que el gobierno ha puesto en la cerca de Melilla. Tenía ganas de enseñársela a Alberto, cuya hija se ha ido a vivir con un senegalés que llegó a Salamanca hace años, siendo menor de edad, y aquí se quedó, trabajando como peón y cotizando como cualquiera.

Alberto, sensible con el tema de los inmigrantes, la ojeó, sonrió y comentó, mientras pedía un par de tintos:
-        El chiste no está en el dibujo, sino en las letras de los márgenes.
-        Son artículos de la Declaración de los Derechos Humanos (le expliqué).
-        Son una mierda. Un chiste de humor negro… Negro como mi yerno (y se rió).

Emilio, el camarero, estiró su mano y agarró la hoja. Su sonrisa se rompió contra las baldosas del piso.
-        Esto no es un chiste, esto es demagogia. Nadie les obliga a venir. ¡Nadie les ha invitado a venir! Si quieren entrar por la puerta de atrás, que se atengan a las consecuencias. No les corta el gobierno, que bastante hace con defendernos de tanta avalancha, se cortan ellos solitos. Si se quedaran en sus casas no tendrían ningún problema.

Aurora, una mujer de armas tomar a la que admiro y que de vez en cuando se arrima a nuestras conversaciones, miró a Emilio y exclamó.
-        Tú eres un gilipollas. Un gilipollas y un racista.
-        ¿Racista yo? Yo soy realista. Oye, que yo de racista no tengo nada. A mí, mientras se queden en su país, me da igual que sean negros.
Vienen a robar los puestos de trabajo de los españoles… ¡Y en plena crisis!

…Y la conversación transcurrió entre dimes de “tienen hambre, por eso vienen”, o “poco decíamos cuando ocupaban los puestos que no quería ningún español”, y diretes en forma de falsos argumentos, como: “son unos insolidarios: no cotizan”, o “si no tenemos trabajo para los de aquí, como para dárselo a ellos”.

Al final, llovieron los deseos (por parte de algunos) de que España y el resto del mundo incivilizado deje de robarles sus recursos y les ayude a salir de la miseria en la que les hundimos.

Nadie convenció a Emilio, que en esta ocasión no nos invitó a otra ronda. Siguió gritando que no es racista, y lo es. Es uno de los muchos racistas que frecuentan el  bar. Y tan ignorante, que no se ha dado ni cuenta.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Capítulo 798. "Tierra a la vista"

Segunda colaboración con la publicación Salamancartv.com

Tierra a la vista.

Reconozco que la otra tarde tenía yo el ánimo para pocas. Después de varios días sin ordenador, se me ha acumulado el trabajo de oficina, que es el que más odio. Antes de hincarle el diente a facturas, presupuestos y contratos, me acerqué a tomar un vino.
Emilio, el camarero, lucía una sonrisa radiante. En el Congreso, Rajoy ha anunciado que “no remamos sin horizonte”, que “la tierra está a la vista”. Ya no se conforma con brotes verdes o luces que destellan al final del túnel. Ahora, cual Rodrigo de Triana, ve tierra a lo lejos. Y, emulando a Colón, dice que nos conduce en singladura sin igual hacia paraísos (fiscales para algunos) repletos de oro (para algunos) y que pronto alcanzaremos las aguas mansas (la mansedumbre la reserva para los que no gozamos de oro, ni de paraísos).
No tenía yo el cuerpo para bromas, así que me abstuve de decirle que es cierto, que los españoles vemos tierra…
  • Tierra, en las uñas ennegrecidas de miles de personas que escarban en busca de alimento en los contenedores de basura.
  • Tierra, en las tumbas de los desahuciados que reposan en el camposanto después de saltar desde las ventanas del piso que les roba el banco.
  • Tierra en los riñones de nuestros abuelos que han abandonado una medicación imprescindible para ellos, porque una absurda reducción de las pensiones y un copago farmacéutico abusivo les impiden continuar con la diaria ingesta de pastillas.
  • Tierra, por no decir piedras, en el alma de los parados que sueñan con abandonar, algún día, las listas del desempleo y que ven cómo su sueño se torna en pesadilla.

No, definitivamente no tenía yo ánimo para decirle a Emilio que la tierra que ve Rajoy es estiércol, como basura son sus mentiras.
Apuré de un trago el culo de vino que me reservaba el vaso, y que se había agriado a con tales pensamientos. Dejé sobre la barra un billete de cinco euros y, mientras esperaba la vuelta, escuché cómo Alberto, uno de los parroquianos, comentaba “¿Tierra? ¡Rajoy lo que ve es la pedrada que tiene en la cabeza!” Las discusiones y las voces habían empezado. Emilio, con ganas de jarana, miró hacía donde yo estaba y me sugirió, con la cabeza, que me uniese a la trifulca. Le mostré el billete invitándole a que me cobrara y volví a corroerme en el mundo de las cuentas pendientes, más escasas desde que la cultura está penalizada con el 21% de IVA.
No se rindió Emilio porque, sin insistir de palabra, para hacer fuerza y verme participando en la tertulia de taberna, rellenó mi vaso mientras me guiñaba un ojo, miraba al corro de conversadores y apostillaba “¡La casa invita!”
Piqué.
Con el ánimo desahogado tras la disputa, las cuentas me supieron menos amargas y una extraña sensación de bienestar me invadió al saber que mi problema (todavía) no es buscar comida, sino hacer facturas.