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domingo, 15 de abril de 2012

Capítulo CXVII. Parentesco. Donde se narra cómo determinados acontecimientos sirven de inspiración, pues lo burlesco llama a burla y lo serio llama a seriedad. O de cómo las familias de juguete nos muestran su corazón de cartón, convertido en diana esperpéntica y macabra

No debe ser la persona
la que se vea sometida
a mofa, sino aquello
que representa


¿Para cuándo una película cómica?

Capítulo CXVI. Feria de abril 2012. En el que se cuenta cómo, cuanto más grande es la crueldad, mayor es la víctima elegida. O de cómo mis sentimientos equiparan toros y elefantes en este mes lleno de matanzas en el coso sevillano. ¡Y olé!

No existen las banderillas de castigo. Sólo existen las vergonzosas.
¡Ay!
Que hemos puesto en grito en el cielo
(y con razón) porque el monarca sale de cacería
y se dedica a matar paquidermos.

¡Ay!
Que nos olvidamos (sin recato)
de que la maestranza se viste de duelo,
camuflado en forma de fiesta para entretenimiento
de unos cuantos hombres defensores
de divertimentos trasnochados.

¡Ay!
Que nos queda tanto por hacer
y tan poco tiempo...

Capítulo CXV. Familia real. Que cuenta cómo los hados se juntan para dejar de manifiesto las penumbras de una familia poco iluminada y mal asesorada. O de cómo esa misma familia rige los destinos del reino, coronadas como están sus cabezas.

¡Ay, ay, ay!
No por su dolor, sino por el nuestro, que es más profundo y duradero.
¡Con lo que prometía la rana cuando la besaron!

sábado, 14 de abril de 2012

Capítulo CXIV. Cacería. En el que se cuenta cómo los astros se alían y los paquidermos derrotan a los mastodontes de la jerarquía española justo el día en que se celebra el advenimiento de la Segunda República. Y de cómo la casualidad puede ser origen de mofa y fuente de hilaridad.

"El cazador cazado". 





Conócese, en este día,
que en hallándose de montería el monarca,
con ánimo de abatir elefantes,
sufrió una caída que le provocó
rotura de cadera.
Y es que, al parecer,
los elefantes se alían con los hombres
para pedir sistemas de gobierno
que no estén basados en la cuna,
sino en la mente.

Capítulo CXIII. Sin palabras

Sin palabras