Vivimos en un mundo absurdo en el que el más y el menos se manejan a voluntad, en el que el igual no existe, hurtado por unos pocos.
Vivimos en un mundo que quiso ser redondo y se quedó en picudo, lleno de chichones que crecen, cada día, en las cabezas de los que menos tienen.
Vivimos. A otros, no les dejamos ni vivir.
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